Lágrimas y arroz con leche.

Estábamos estrenando ese aparetejo universal de la cocina y de cuyo nombre no voy a hacer publicidad, lo estrenó un arroz con leche de campeonato: litro y medio de leche, doscientos gramos de arroz, la piel de
una naranja, la de un limón, un poco de canela y un par de clavos, 40
minutos a noventa grados y a velocidad uno…tras eso, 2 min más añadiendo 150 gramos de azúcar. Lo pasé a los moldes y lo espolvoreé magistralmente con canela (sin manchar el borde de ninguno jeje) Lo dejé enfriar bajo la ventana. Entonces me viene un pensamiento, llegas a la cocina y miras el postre, me guiñas un ojo y me dices: “Vamos a probarlo, un poquito nada más (haciendo el gesto con los dedos), cogemos uno para los dos… bueno uno para cada uno” Vas a por dos cucharillas a la barra mientras yo cojo un cuenco de arroz con leche para cada uno voy a por un par de bancos para sentarnos, te sientas a mi lado y me das un beso…

Las lágrimas me devuelven a la realidad y el vacío se hace notar, duele, duele mucho… Te quiero papá.

Son las situaciones más cotidianas las que aumentan el vacío de los que se fueron.
Aladiara