Fluye la oscuridad
creando un mundo infranqueable
que a cada paso que hiere
se esculpe en altura
y se eleva en desaliento.

Por sus calles camina
un tigre de almas sediento
que espera, paciente
el momento de cobrar
su ansiado trofeo.

Vengador y víctima
caminan atados
tras los pasos de Cerbero
a las tierras abrasadas
del dolor y del miedo.

Se avivan de nuevo las ascuas,
que consumían al vengador
quien buscando agua en la sangre
trató de apagar la ira
que latía en su interior.