Hace tiempo que no vengo por mis blogs, pero la vida pasa y las circunstancias cambian, espero volver más a menudo. Saludos a los cocteleros (ya quedamos pocos de aquella época) y espero saber de vosotros pronto.
Besos de Plata
Os dejo un relato, a ver que os parece :p
Lo conocí a la vez que el amor verdadero, porque, sinceramente, no he vuelto a sentir nada igual por nadie. Su visita fue fugaz, pero su marca profunda. Apenas contábamos con seis meses de relación cuando un día me regaló el beso más dulce que jamás me dieron en la vida, tras ello y sin venir a cuento, comenzó a insultarme y a decirme que cómo puedo enamorarse de alguien como yo, le dije que quien no merecía la pena estar al lado de un ser tan mezquino y decidí romper, aquel 12 de octubre de 1999 fue la última vez que vi a mi amado Alejandro.
Apenas una semana después recibí una carta de su parte, no sabía si romperla o devolverla, pero algo me decía que era importante. En ella me confesaba que aquel mismo día lo llamaron del hospital porque habían encontrado un corazón compatible, pero que sus posibilidades de vivir eran tan pocas que no soportaba el decírmelo, no quería que sufriera por él, pues me amaba demasiado.
Hice lo imposible por llegar hasta él, pero al llegar a su casa encontré un crespón negro en la puerta. En aquel momento me derrumbé literalmente, caí en redondo desmayada a la vez que caía mi mundo. No pude soportar ir a su entierro.
Comprendí que se había marchado, pero a la vez lo sentía cerca, eran pequeños detalles: lo oía susurrar mi nombre, su fotografía se caía constantemente., sentía su respiración, a veces su perfume brotaba en el aire, manos invisibles me acariciaban el rostro, manos imperceptibles tomaban mi hombro...
Cinco años después de la tragedia soñé con él por primera vez, en el sueño íbamos los dos en el coche cuando un camión nos abordó en dirección contraria y el coche salió despedido por barranco. No le di demasiada importancia. A los pocos días me fui al campus en el coche de un amigo que se parecía un tanto a Alejandro, íbamos charlando tranquilamente cuando la escena se me hizo familiar, primero un árbol un tanto combado, después la misma señal de tráfico, mis nervios se crisparon. Divisé unas luces en la curva y sin pensarlo dos veces agarré el volante y giré el coche al lado contrario al barranco. Me quedé inconsciente tras el choque, pero era muy extraño, me sentía sentada sobre el asiento de coche y a la vez de pie al lado del coche, entonces se me acercó una figura a lo lejos, nada más divisarlo me si cuenta de que era él. ¿Estoy muerta entonces? Me pregunté. Sin dudarlo salí corriendo y lo abracé con fuerza, las lágrimas de gozo brotaban por mi rostro. Me volvió a besar como la última vez. Me dijo que me había estado cuidando todos estos años, pero que su cometido conmigo había acabado, había evitado mi muerte prematura y ahora debía avanzar. Me dijo que siempre me llevaría en el corazón y que fuese feliz.
Desperté inundada de felicidad y paz, estaba sobre el regazo de Luis, que me sacó del coche cuando comenzó a echar humo, nos abrazamos y lloramos un largo rato por lo que acababa de ocurrir.
Nos os imagináis la dicha que me supone el haber tenido una segunda oportunidad para despedirme de aquel a quien tanto amaba y aún amo, además de saber que me cuidó durante muchos años y cambió mi sino para que mi vida siguiera su curso. Ello también me cambió a mi, ahora soy más optimista, miro las cosas desde distintas perspectiva y no doy demasiada importancia a los problemas que acaecen en mi vida, puedo decir que desde entonces soy más feliz.
Creedme amigos, hay vida tras la vida y aquellos que están al otro lado velan por nuestra felicidad.


Escribe un comentario