No ha servido de nada, el vacío sigue ahí. Hace rato que he llamado, no tardarán en venir.

Observo largo rato sus ojos apoyados en el vacío, lo miro tan detenidamente que su rostro se desdibuja, la rabia me lleva a golpearlo con sarna varias veces, pero la sensación no desaparece... mi alma sigue hueca. Estoy confundida, aún tengo el cuchillo en mi manos, lo arrojo al suelo, tengo la sensación de que alguien lo ha puesto allí, pero se que he sido yo la que lo he cogido... y usado.

Mis manos arden inundadas por el amaranto fluido, voy al baño y trato de apaciguar el calor de la rabia, que lentamente se diluye mientras se escapa por el sumidero. El espejo me devuelve un horrible saludo, la sangre mana a borbotones por la herida que corona mi frente, ni tan siquiera me di cuenta, tal vez fue lo que me impulsó a ir corriendo a la cocina, ahora que le presto atención noto que duele... y mucho, aunque más me duele el alma. Cojo una toalla de inmaculado blanco y aplaco los ríos que de mi frente brotan.

Cuando lo conocí era el hombre perfecto, galante, educado, un caballero en definitiva, pero no era así, se trataba del mismo demonio bajo la piel de un cordero y los años, los golpes, los gritos, los sometimientos, mis lágrimas, mi cuerpo roto, mi piel morada, lo han demostrado.

Ha tenido que volver a aparecer cuando todo estaba tranquilo, cuando mi vida tenía un buen curso, estaba en el buen camino. Él, mientras tanto, supuestamente se pudría en el lugar del que jamás debió salir, la ley lo dejó salir a destiempo y ahora... ha pasado esto.

Un pensamiento extraño brota en mi ser ¿Debería ser yo la que estuviese en el suelo? ¿Pero qué digo, me ha violado y ha intentado matarme, yo sólo me defendía?

Llaman a la puerta, recojo las pocas fuerzas que nadan en mi cuerpo roto y abro la puerta... me desmayo al instante.

Despierto en una sala blanca, trato de moverme pero mis manos están atadas, me temo lo peor, me acusarán de asesinato y al final, acabaré pagando yo su condena, como si no hubiese tenido suficiente. Ante mis gritos una bata blanca llega.

"Tranquilícese, lleva varios días en shock, le han dado una paliza brutal, pronto saldrá de aquí, se acabó su infierno"

Respiro aliviada, el miedo se ha desvanecido, aunque ha dejado paso a la culpa, segué una vida, eso jamás podré olvidarlo, y con mi tenue voz rompo el silencio" era él o yo y tuve que matarlo..."

Aladiara